martes, 31 de mayo de 2022

Nunca delante de los criados

En este libro "Nunca delante de los criados" se explica como era trabajar en el servicio doméstico en la época victoriana en Inglaterra. Lo peor de todo es que ni los amos ni los criados tenían conciencia de ello, porque ambas partes asumían que su posición en la vida respondía a un orden dictado por la divinidad

Esclava desde los ocho años en un hogar acomodado del Brasil del siglo XXI


Si el hogar, la casa, era el máximo bien que los pobres tenían en el siglo XIX, las clases acomodadas tenían que tener casas mucho más grandes y esplendorosas. Desde el 20 de junio de 1837 al 22 de enero de 1901 reinó en Gran Bretaña la Reina Victoria. Se conoce su reinado como el periodo victoriano por una serie de características: puritanismo, higiene y una fe a ultranza del progreso científico y material. Como corresponde al periodo de máximo explendor del imperio inglés su estilo fue imitado por todos aquellos ricos que pretendían ser ricos a nivel global. Las mansiones de inspiración victoriana se extendieron por todo el orbe. Eran casa enormes con muchos criados como se recoge en el libro "Nunca delante de los criados" o se refleja en la serie "Downton Abbey". Una serie que edulcora la enajenación que suponía vivir y trabajar en una casa ajena en donde no tener horarios y el abuso sexual era la norma en una sociedad pacata y puritana en donde el sexo se ocultaba tras infinidad de bordados y todo tipo de trapos.

Nunca delante de los criados era una frase que se decía en sociedad (la de los ricos) para autorecordarse que tenían que ser impolutos, decentes y merecedores del mayor de los respetos. Por eso, nunca delante de los criados debían ser descuidados, mezquinos, sucios o patéticos. Esa farsa de honorabilidad: ser un señor o ser una señora, era los cimientos de una sociedad dividida en dos clases: los de arriba y los de abajo. 

Hoy la decencia es luchar contra los micromachismos, la interseccionalidad o la ecología espiritual. Las casas ya no son mansiones sino casas ecosostenibles, a ser posible en parajes impolutos y sin haber sido alterados por la mano humana hasta que ellos han plantado allí su casa, claro está. Una parte importante de esa nueva mansión es el espacio para hacer yoga y hacer equilibrio con vistas a esa naturaleza que ellos perciben que tiene un valor cuando el resto estamos hacinados en ciudades. 

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