La historia del colectivo Coccinelli, una historia de lucha contra un estado que oprime. Lucharon para que la homosexualidad no fuese delito en el Ecuador. Lo lograron en 1997.
Recientemente he visto la película Joy, sobre el ciclo de la prostitución de las mujeres nigerianas. SPOILER ALERT. Cuando Joy logra pagar su deuda a su madame descubre que lo lógico es convertirse ella misma en madame. En ese momento, cuando su antigua jefa se da cuenta de que ella se va a convertir en competidora es cuando la denuncia a la policía para que la deporten. ¿Para qué sirve el estado en esa situación? ¿Para garantizar que no caigan los precios de la prostitución? ¿Para garantizar que una proxeneta ya establecida no le salgan competidoras?
En España y en todo el mundo existe lo que se llama la presunción de veracidad para los Agentes de la Autoridad, pero solo en países
hembristas como España se da esa presunción de veracidad a una mujer
cuando acusa a un hombre. Para ello han hecho tribunales especiales
donde no existe el derecho humano a la presunción de inocencia, y los
hombres tienen que demostrar su
inocencia, e incluso cuando no hay pruebas han hecho que la acusación de
una mujer contra un hombre sea prueba de cargo suficiente siempre que
se cumplan tres premisas: 1 Que diga que no tiene deseos de venganza, 2
Que la acusación sea creíble, 3 Que no cambie la acusación y se mantenga
en el tiempo. Con esto han dejado a los hombres indefensos y
han convertido a las mujeres en agentes de la autoridad.
Aquí vemos a Isa Serra en el juicio por el que le condenaron 19 meses por injurias a la policía. A la policía se le cree su palabra por el principio de veracidad. Así de simple.
En la universidad en la que trabajo han colgado este cartel a la entrada de las oficinas en donde se encuentran los decanos y los coordinadores de las carreras de la salud
Es una metáfora de la privatización de lo que en principio debería ser un espacio público. No hay espacios para que las personas que componen la universidad cuelguen sus anuncios. Los anuncios solo vienen aprobados desde la instancia superior. Son mensajes, en principio, exaltando valores cívicos, pero, como se puede ver en el segundo punto, irradian un clasismo repugnante. Lo que está debajo es un timbre que tenemos que pulsar y esperar a que nos abran. Otro ejemplo que ilustra quien tiene privilegios y quien no los tienen. Siempre abren, pero es una sutil forma de discriminar. Las personas que trabajan en esa planta pueden abrir la puerta con su carnet. Los demás no.
La película 1917 de Sam Mendes es una obra de arte. Ante la barbarie de la Primera Guerra Mundial, en la que millones de jóvenes perdieron la vida en una guerra absurda cuyo origen tiene lugar en las tensiones entre familias reales europeas, debo de hablar de personajes como Jean Jaurès, que se opusieron a la guerra y pidieron una huelga general de trabajadores en contra de la misma. En Ferrol, una ciudad gallega con una larga tradición de historia obrera, José López Bouza, un emigrante retornado, junto a Raimundo Castro, impulsaron el Congreso Internacional de la Paz, de 1915 para terminar la Primera Guerra Mundial.
Heiddeger, el filósofo alemán, pronazi, después de la contienda para "explicar" su postura filonazi dijo algo así como "es que yo no sabía que eran tan malos". No hacía falta ser una de las mentes más preclaras de Alemania en su momento para darse una vuelta por la calle y ver a las SA nazis apaleando a opositores. La potencia destructora de los nazis residía en que tenían el apoyo de los grandes industriales alemanes, y del ejército. Esa es la diferencia con otros grupos. En común tienen la intolerancia.
Un grupo feminista ha impedido una charla en una universidad en Barcelona. Otras han irrumpido en la feria del libro (escoltadas por las muy heteropatriarcales fuerzas de seguridad privada de la feria) en Guadalajara, México, y quemado libros que les ofendían:
A mi, este tipo que viene a continuación, me da mala espina. No lo voy a negar. La pena es tener que darle la razón
Ver como la izquierda ha tirado la toalla de cambiar el sistema económico y se centra exclusivamente en buscar un cambio cultural es triste. Los cambios culturales, los que van a la raíz de como se organizan las sociedades son siempre muy muy lentos. Lo que están provocando es una reacción peligrosa. Ya hemos visto como la ultraderecha ha pasado de 0 a 53 diputados en España.
La aparición de este meme originó la siguiente "conversación" con una feminista que conozco:
Yo: A los judíos les ofende, con
razón, que digan que son usureros cuando en realidad solo una fracción
muy pequeña, muy pequeña de ese colectivo se dedica a la usura ¿Cachas?
Feminista: sabes no parece que es lo mismo. Pues
los prejuicios que históricamente se forjaron sobre los judíos son
producto de la una religión a la cual le interesaba imponerse sobre
todas las demás; además de poderosos intereses económicos en torno a las posiciones de ese pueblo. En
este caso me preocupa profundamente que muchos hombres buenos y no
violentos se sientan aludidos, pues demuestra el poderosísimo espíritu
de cuerpo que tienen los hombres en el patriarcado. Mismo que hace que
apenas se señale claramente la violencia que muchos hombres ejercen
sobre la mayoría de las mujeres (7 de cada 10 en el caso ecuatoriano),
todos enciendan las alarmas y se ofendan. Esta
solidaridad hace precisamente que entre sus grupos de amigos no sean
capaces de dar la cara, enfrentar y excluir al acosador, al golpeador,
al violador, al pornógrafo, al putero, o al pedófilo. Obviamente
no todos los hombres son violadores, pero sí los suficientes como para
que en nuestros países la violencia de género sea un problema de salud
pública.
Yo: Gracias Ibeth por
ilustrarme. Estoy de acuerdo en que la violencia contra las mujeres es
gravísima e intolerable, por ese motivo tenemos que estar todos en esta
lucha. Creo que estas campañas feministas lo que hacen es dividir,
culpabilizar a quienes no tenemos culpa.
El argumento de mi comentario fue utilizar el ejemplo de los judíos
para reducir al absurdo el meme que pusiste. Quitemos a los judíos (Por
cierto, tu comentario ha sido de un antisemitismo clásico) y utilicemos
otros colectivos: negros, o gitanos. Si voy a un gueto a gritarles: son
uds unos ladrones y unos vagos cuando he sido agredido por negros ¿Qué
puedo esperar? ¿Qué piensen "vaya ha sido agredido por negros y su
reacción es lógica, gracias por abrirnos los ojos" o que te metan un
coñazo por impertinente? De nuevo gracias por no borrarme de tu lista de
amigos y aceptar que piense diferente. Un abrazo
Recibí un video de Hégira cantando una canción venezolana. Todavía
ella y yo no estábamos juntos. La forma de cantar no era desde la comodidad y el
disfrute. Cantaba "honrando" a algo. Posiblemente a su padre o a su
madre. Lo cierto es que, esos días estaba escribiendo sobre una vez en
que mi madre había recibido a las vecinas en nuestra casa para hacer una
venta de productos Amway o algo así. Muchas amas de casa de la zona
habían hecho lo mismo. Mi madre no lo hacía por la venta en si. Yo no
entendía porqué lo hacía. Estuvo limpiando sobre limpio toda la semana. A
mi me irritaba que pusieses tanto empeño. Al escuchar a Hégira cantando
entendí. Mi madre estaba honrando los valores que le había inculcado su
padre. Mi abuelo era hijo de soltera. Su madre, mi bisabuela, era
criada en la casa del Conde de Ramiranes. Ya no trabajaba en esa casa y
mi abuelo iba mucho de visita a la casa de los condes. En fin, mi abuelo
podría haber estado resentido con esa situación, pero de manera decente
y apropiada, aprovechó ese contacto para, en su casa de persona pobre,
elevar y prestigiar lo que tenía. Mi abuelo murió días después de nacer
yo. Siendo pequeño se percibía a mi abuelo en esa casa. Una persona
maniática y perfeccionista. Había hecho un chinero para la vajilla,
tenía un pequeño invernadero para plantas aromáticas, un jardincito con
mirto (arrayán) que imitaba un jardín francés. Este tipo de elementos le
servían también como fondo para sus fotografías de estudio. Mi madre
estaba muy orgullosa de su padre y en su vida no hizo otra cosa que de
su familia intentar esa excelencia. Por eso me martirizaba por mi forma
de vestir.
Cuando murió mi madre, me quedé una hora a solas en el velorio cuando ya
se había ido todo el mundo. En esa hora sentí un odio y un rencor como
pensé que no se podía sentir. Sentía que el mundo no había valorado a mi
madre lo que ella se merecía. Ahora se que se trataba de mi. El rencor
era un rencor hacia a mi. Tuvieron que pasar tres años para que me diese
cuenta